[Cardio_Argerich] Quique. para mi -MONUMENTO

Dr. Edgardo Schapachnik edgardoschapachnik en grupoakros.com.ar
Mie Ene 8 10:15:47 ART 2014


Los homenajes
No puedo detenerme, te juro. Todos los días tengo muchos quilombos, hospital consultorio, libros, temas familiares. Apenas aparece un rato libre, ó me sumerjo en un letargo para olvidarme de todo, o al revés corro detrás de alguna otra gratificación momentánea. El justo tiempo con los amigos, con los hijos, padres, y un nuevo lunes. Quiero creer que hay algo trascendente en esto, pero me parece sinceramente muy efímero, líquido. Veo el recuerdo de Bertolasi en los mails y me digo que no tengo tiempo para homenajes. Recuerdo que tengo guardados todavía los estetos para el monumento que nunca me atreví a terminar, quizás este sea el año. No te olvido, Carlos Bertolasi. Hace pocas semanas, visitando la hermosa oficina de dirección del centro de investigación cardiovascular del St. George, ví como Kaski exhibía en un sitio de privilegio de la biblioteca los cuatro tomos de Cardiología. Uno de los libros que más me conmovió en los últimos años fue antropología del cerebro del mejicano Barta.Trabaja el concepto de exocerebro, es decir, que no hay maduración neurológica (biológica) sin interacción con el medio. Así como no nos nace un idioma si no lo aprendemos, tampoco somos capaces de reconocer el mundo ni pensarnos si no a través de los otros. Esos múltiples otros que van definiendo nuestros mecanismos de razonamiento o tallando nuestras figuras éticas. Cuando tenemos la oportunidad de convivir con los pensamientos de un grande, nos esforzamos para pensar como él, seguramente activando todas nuestras neuronas espejo para reconstruir su mundo en el nuestro. Me descubro cotidianamente, en el diálogo con los médicos jóvenes, en la escritura de artículos, pensando con un poco del exocerebro del cabezón, sin que suene pretencioso sino solo verificando un hecho ineludible y también placentero. Sigo dialogando con Bertolasi diariamente, y de alguna manera entiendo lo de estar vivo en la vida de los otros. Visité este año el monumento a Spinoza en La Haya, construido dos siglos después de su muerte con el aporte de colaboraciones de personalidades del siglo XIX, muchos de ellos grandes científicos o médicos (Claude Bernard) y de nuestro país el siempre sorprendente Sarmiento.  El peso de un libro póstumo como su Etica fue de tal magnitud que se hizo imprescindible el monumento tanto tiempo después. Quizá es el tiempo para nuestro monumento, o vendrá en los años próximos. 

Carlos Tajer
 
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